Molinos Río de La Plata y el ABC del vino



Molinos Río de La Plata compartió algunos puntos claves del ABC del vino con el objetivo de acompañar la cuarentena y ayudar a iniciarse en el mundo de una de las bebidas más representativas del país.


1. ¿Qué tipos de vinos existen? Existen 4 tipos de vinos que a su vez están compuestos de diferentes varietales: Tintos: Están elaborados con uvas tintas de piel oscura como Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Pinot Noir. Algunos recomendados son: Ruca Malen Terroir Series Cabernet Sauvignon, Nieto Senetiner Blend Collection, Don Nicanor Barrel Selet Malbec, Cadus Signature Series Pinot Noir. Blancos: están elaborados con uvas blancas, del tipo Chardonnay y Sauvignon Blanc. Suelen tener notas ácidas y un sabor más frutal. Si recién estás probando, te sugerimos que lo hagas con las siguientes etiquetas: Ruca Malen Chardonnay, Nieto Senetiner Chardonnay, Nieto Semillon, Don Nicanor Chardonnay o Nieto Senetiner Blend Collection White, con 30% de Sauvignon Blanc. Rosados: generalmente ​​se elaboran con las mismas uvas del vino tinto. Su sabor suele ser más ligero que el del vino tinto. Una opción para probar es Ruca Malen Special Creations Blend Rosado y Nieto Senetiner Believe in Rosé. Espumantes: son vinos con burbujas que se producen de forma natural, mediante un proceso de fermentación distinto al de los otros vinos. También se conoce como “Champagne”, pero solo los elaborados en Francia pueden estar bajo esta denominación. La cepa más utilizada para hacer estos vinos es la Chardonnay, pero hay excelentes opciones a base de Pinot Noir. Te sugerimos que pruebes con: Nieto Senetiner Brut Nature ó Extra Brut, el Ruca Malen Extra Brut y el Aimé Extra Brut.

2. Guía de uvas: ¿Qué tipos de uvas existen y que las caracterizan? Uvas tintas: 1. Malbec: es la variedad insignia de Argentina y la más cultivada en el país. Se destaca por su color oscuro intenso y su explosión frutal, ofrece una amplia gama de perfiles aromáticos asociados a las condiciones específicas del terroir. En general, sus aromas recuerdan a cerezas, frutillas o ciruelas, pasas de uva y pimienta negra. 2. Cabernet Sauvignon: junto al Malbec es una de las variedades que más se ha investigado en los últimos años. En Argentina se encuentran tres estilos definidos: en el noroeste alcanza una asombrosa intensidad de color en el marco de aromas a moras y pimiento verde, mientras que en Cuyo se intensifica el carácter frutado descrito como grosellas maduras. En las zonas más australes se potencian los sabores minerales y terrosos. 3. Syrah: evidencia colores intensos, textura plena y aromas que varían desde los florales, en su juventud, hasta los especiados, luego de la crianza en roble y botella. 4. Pinot Noir: su color va desde el rubí hasta el rojo intenso, conservando siempre una buena homogeneidad aromática de frutas rojas y negras en las que se destacan la frambuesa, la mora, la remolacha y la tierra. En boca posee sabores muy elegantes. 5. Bonarda: un vino franco, honesto, de buen cuerpo y color, con aromas frutados de frambuesa y sutiles acentos anisados. 6. Merlot: los aromas que lo identifican se describen como pimiento dulce, cedro, grosellas y especias. Con bajas producciones, se traduce en un vino delicado, de paladar intenso sin llegar a ser potente. 7. Tempranillo: es una de las primeras cepas en madurar, a eso se debe su nombre. En su juventud, exhibe aromas frutados simples de frambuesas y moras, pero los ejemplares de guarda llegan a madurar presentando notas tostadas y rasgos de regaliz. Uvas blancas: 8. Torrontés: es un vino amarillo claro que ocasionalmente desarrolla matices dorados y verdes. Se caracteriza por su aroma a flores como la rosa, el jazmín y el geranio. Si bien sus aromas anticipan un vino dulce, su sabor revela una fresca acidez. 9. Chardonnay: produce una amplia gama de vinos, que van desde las bases para espumantes hasta los corpulentos varietales fermentados en barricas de roble, pasando por frescos y elegantes vinos sin madera. Sus descriptores primarios más frecuentes son las frutas tropicales, cítricos y la manzana. 10. Sauvignon Blanc: intensos aromas de tipo salvaje que recuerdan a hierbas de tipo ruda o espárragos, los vegetales y los cítricos, aunque en casos excepcionales y menos frecuentes puede desarrollar aromas a frutas blancas. 11. Semillón: se desarrolla muy bien en climas frescos y moderados. Adquiere tonos aromáticos de frutas blancas y cítricas, miel y flores blancas. 12. Chenin: tiene un rol secundario, siendo mayormente utilizada para aportar frescura y estructura ácida a blancos de corte.

Dato curioso ¿Sabías que se puede hacer un vino blanco con uvas tintas? Las pulpas de todas las uvas son blancas, por eso para que esto suceda, hay que dejar fermentar la uva sin los hollejos (piel) en contacto con el mosto, ya que son los hollejos los que le dan color al vino. 3. Similitudes y diferencias entre la elaboración de un vino tinto y un vino blanco El proceso de producción del vino tinto varía desde el mosto (jugo de la uva) que puede ser de leve color rojizo hasta púrpura, su fermentación que está en contacto con los elementos sólidos: semillas y hollejos (piel). Suele fermentar a una temperatura de 25ºC a 28°C, debido a que se le extrae el máximo color posible a la uva. Las fases de producción de este vino es el despalillado de la uva (acción que consiste en separar el escobajo o palito del grano), fermentación alcohólica que es la transformación de azúcar en alcohol y fermentación maloláctica (donde se determina el aroma y la evolución del vino) En el caso del vino blanco, la producción es similar a la del vino tinto, con la diferencia que se separa la piel de la uva por medio del prensado de los granos y se fermenta únicamente el mosto o jugo de la uva. La temperatura de fermentación varía entre los 13ºC a 15ºC. Puede o no ir a barricas a fermentar dependiendo del cuerpo o volumen y del estilo de vino. En el caso de que sea en barricas de roble, estas proporcionan al vino sedosidad y aroma. Mientras que los vinos sin paso por barricas son más frutados y frescos.

4. Degustación visual: En esta fase hay que evaluar aspectos como la nitidez, la intensidad, el color, las lágrimas y burbujas. 1. Nitidez/Limpidez: nos proporciona información sobre cualquier defecto que pueda tener el vino pudiendo encontrar vinos velados, turbios, brillantes. Es fundamental que el vino se encuentre limpio. 2. Intensidad: viene marcada por la cantidad de color que tiene el vino. La tonalidad o matiz indica si el color es más violeta o rojizo. 3. Color: va a estar dado por el varietal del vino. En vinos blancos podemos encontrar gamas, amarillentos y verdosos. En vinos rosados, tonos que van desde el rosa frambuesa hasta el rosa salmón. En vinos tintos, los tonos más habituales son púrpuras, rojos, granate, rubí o violáceos. 4. Lágrimas o piernas: son esas gotitas que caen de la superficie de la copa, y están relacionadas a la concentración de alcohol. 5. Burbujas: Son indicadores de calidad en el espumante. Se refiere al proceso de desprendimiento de dióxido de carbono, y mientras mayor y más pequeñas sean mejor es su calidad.

1. Degustación olfativa: Como un primer paso, vamos a acercar la copa a nuestra nariz para identificar los aromas primarios, son lo que provienen de la uva, el terroir y la naturaleza. Como segundo paso, vamos a mover la copa con suavidad y delicadeza para que el líquido se ponga en contacto con el oxígeno y así va a dejar lugar a los aromas secundarios, que son los que se producen durante la fermentación de la uva o en los distintos procesos de vinificación. Como tercer y último paso, vamos a agitar la copa más enérgicamente para que florezcan los aromas terciarios, que son los que se producen durante la crianza del vino y suelen ser aromas florales, frutales, de frutos secos, vegetales y roble. 2. Degustación básica: ¿Qué es lo que se evalúa en un vino? Por más que seas un iniciado o un principiante en el mundo del vino, tenés que saber que hay 3 características clave y básicas que hay que tener en cuenta al momento de degustar un vino. 1. Cuerpo: hace referencia a la suma de dos factores: el volumen que ocupa en la boca sumado a la estructura y peso. Así, un vino con cuerpo es más amplio, cuando en rigor es menos denso debido a la presencia de más alcohol. Si ese cuerpo, además, está enriquecido con taninos del vino y la madera, resultará aún más encorpado. 2. Astringencia: es una sensación táctil, se puede sentir en la fase de gusto de la cata y es cuando el vino deja en el paladar una sensación de sequedad, ciertos toques de rigurosidad y una sensación de aspereza en la boca. Se suele dar con mayor frecuencia en los vinos tintos. 3. Equilibrio: está dado por 4 factores: dulzor, acidez, y astringencia, cuando se logra una buena combinación de estos factores, es cuando se logra el “equilibrio” en el vino. En cuanto a la palabra de los expertos, Noelia Torres, enóloga de la bodega Ruca Malen sugiere: “Mi recomendación para todos aquellos que se están iniciando en el mundo del vino es que empiecen a tomar vinos jóvenes frutados y frescos, sin paso por barricas y con buen equilibrio, siempre es bueno un Malbec o un Chardonnay. Después, si les propongo que vayan avanzando y experimentando nuevos estilos y varietales hasta que encuentren su estilo preferido”.

Santiago Mayorga, enólogo de Nieto Senetiner y Cadus Wines, añade: “El vino es un camino de aprendizaje y conocimiento tanto de sus sabores como de nosotros mismos. Creo que lo importante es poder probar diversidad de varietales y estilos, y allí encontrar el que más nos gusta. Por último y no menos importante deben saber que al vino hay que tomarlo a buena temperatura (dependiendo el varietal) y en copa para poder apreciar mejor sus aromas”.

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