Marioneta Wines: “La cultura de lo orgánico ha puesto de cabeza a todo el mundo”


Nacido en 2015, Marioneta Wines es un buen ejemplo de la evolución del vino de autor en los últimos años para los nuevos consumidores, pasando de producir entre 2.800 y 3.000 botellas de Malbec y Chenin Dulce Natural en 2018 a fraccionar 5.000 botellas de cada una en un año, y con fuerte foco en el “respeto al medio ambiente”.

“Iniciamos en 2015 con una pequeña partida de un Malbec en la zona de Ugarteche, departamento de Luján de Cuyo, Mendoza, en lo que se volvió una experiencia única que dio origen a empezar a pensar en armar un proyecto propio, de gestarlo y crear la marca”, comienza a contarle a Prensario la enóloga Brenda Vera sobre la marca que tiene como referencia la fusión entre “el apoyo familiar y la formación académica y el resultado que los trabajadores de la vid nos entregan a los enólogos para poder realizar un vino que llegue a los consumidores”.

Se trata de un vino joven, donde se ha buscado potenciar el varietal en sí. “Van a encontrar mucha fruta y no tanta estructura. Si bien tiene un contenido de madera, un 30%, es más bien para darle un final en boca y tiene buena acides. Sus taninos son dulces y bastantes equilibrados”, describe sobre su vino la enóloga.

De acuerdo con Vera, el ser un vino de autor, con un volumen de producción más pequeño que las grandes bodegas, permite llevar la elaboración de otra manera, más cuidada, lo que a su vez se ve reflejada en la calidad y precio del producto final, pero también poder responder mejor a las tendencias que van surgiendo en el mercado.

Entre ellas, la enóloga destaca la cultura de lo orgánico como una de las principales, algo que, según Brenda, “ha puesto de cabeza a todo el mundo”. “Es muy importante dado que nace del cuidado de una agricultura respetuosa del medio ambiente, que es fundamental. Otra cosa para destacar que es valiosa, es saber que la agronomía y la enología pueden trabajar de manera conjunta y lo hacen de forma consciente, respetando la tierra. Un factor notable es también que el consumidor se ha adaptado a estas nuevas tendencias. Sin embargo, hay que seguir trabajando para poder generar el cambio no solo en el cliente, sino también porque lleva varios años el despoje de la tierra de los agroquímicos que se le han agregado durante mucho tiempo y así, poder elaborar un vino con un viñedo, si se quiere, más ‘limpio’”, agrega.

En relación a los desafíos de la industria, remarca que para la marca uno de ellos estuvo vinculado con la aceptación del consumidor sobre el vino que hoy llega Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, pero los resultados “han sido muy buenos”. “No solo han tomado el nuestro, sino que varios proyectos pequeños han tenido buena recepción. Esto es importante porque antes el comprador se basaba en bodegas o marcas conocidas, y el habernos dado la oportunidad ha sido muy gratificante”, enfatiza y continúa: “Otro desafío, es el ingreso de nuevos cepajes, de probar nuevas experiencias con algunos nuevos como es el petit verdot, la garnacha, el semillón hasta el pinot gris, que es un cepaje que ya está involucrado en la vitivinicultura, pero hoy se consume mucho más”.

“A nivel local, nuestro proyecto está funcionando muy bien y creo que todos nos proyectamos a nivel internacional, lo cual sería maravilloso el poder darnos a conocer en otros lugares y llevar el proyecto a nuevas alturas”, continúa y recomienda: “Los invito a descorchar un Marioneta, tomarse una buena copa y como decimos siempre ‘que los hilos se sigan moviendo’”.

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